A reirse ahora
Albert Hofmann
Como sigamos haciendo el zángano y expulsando más hedores cancerígenos a la atmósfera, no sé que va a ser de nosotros. Aun así, ¿ podremos seguir haciendo campos de golf ?
Albert Hofmann
Como sigamos haciendo el zángano y expulsando más hedores cancerígenos a la atmósfera, no sé que va a ser de nosotros. Aun así, ¿ podremos seguir haciendo campos de golf ?
Yo soy mucho más pesado o quizá menos modesto que mi compi de turno, Pablo Mata ( ¡ Sí, y no te rías ni empieces a pegar puñetazos a tu monitor cuando leas esto ! ) a la hora de hablar de música y contarle al mundo entero lo que me fascina intentando disimular entre palabras peregrinas lo mucho que se me nota que sólo lo hago para que el resto del mundo piense: "¡ Jo, este tío sí que sabe !". Pero como he llegado al punto de que me la refanfinfla, de que me la sopla por los cuatro vientos hablar de señores melenudos... Hoy voy a recomendar un disco que me gusta demasiado: Acid and Flowers ( Late 1960s Psych )
"Yo no soy ni un sabio ni un filósofo, ni siquiera un escritor de oficio. He escrito muy poco en mi vida y solamente lo he hecho, por decirlo así, a pelo, cuando una convicción apasionada me forzaba a vencer mi repugnancia instintiva contra toda exhibición de mi propio yo en público. ¿Quién soy yo, pues? y ¿qué es lo que me impulsa ahora a publicar este trabajo? Yo soy un buscador apasionado de la verdad y un enemigo, no menos apasionado, de las ficciones desgraciadas con que el partido del orden, ese representante oficial, privilegiado e interesado en todas las torpezas religiosas, metafísicas, políticas, jurídicas, económicas y sociales, presentes y pasadas, pretende servirse, todavía hoy, para dominar y esclavizar al mundo. Yo soy un amante fanático de la libertad, a la que considero como el único medio, en el seno de la cual pueden desarrollarse y agrandarse la inteligencia, la dignidad y la felicidad de los hombres... La libertad que consiste en el pleno desarrollo de todas las potencias materiales, intelectuales y morales que se encuentran latentes en cada uno... Yo entiendo esta libertad como algo que, lejos de ser un límite para la libertad del otro, encuentra, por el contrario, en esa libertad del otro su confirmación y su extensión al infinito; la libertad limitada de cada uno por la libertad de todos, la libertad por la solidaridad, la libertad en la igualdad; la libertad que triunfa de la fuerza bruta y del principio de autoridad, que no fue nunca más que la expresión ideal de esta fuerza... Yo soy partidario convencido de la igualdad económica y social, porque sé que, fuera de esta igualdad, la libertad, la justicia, la dignidad humana, la moralidad y el bienestar de los individuos, así como la prosperidad de las naciones no serán nunca nada más que mentiras."
On a dilemma between what I need and what I just want / Between your thighs I feel a sensation / How long can I resist the temptation? / I've got my bird, you've got your man / So who else do we need, really? / Now I'm here, I may as well put my other hand in yours / While we decide how far to go and if we've got time to do it now / And if it's half as good for you as it is for me / Then you won't mind if we lie down for a while, just for a while / Till all the thing I want is need / Till all the thing I want is need / I want you more than ever now / We're on the floor, and you want more, and I feel almost sure / That cause now we've agreed, that we got what we need / Then all the thing us needs is wanting / I realized when I saw you last / We've been together now and then / From time to time - just here and there / Now I know how it feels from my hair to my heels / To have you on the horns of my dilemma- Oh! Wait a minute! - [ ... ] Singing a song in the morning / Singing it again at night / Don't really know what I'm singing about / But it makes me feel all right Robert Wyatt
La obra de este individuo es increiblemente compleja a pesar de su evidente apariencia academicista, esto se debe a que su personalidad artistica esta dividida por una gigante habilidad creativa capaz de dar nacimiento a increibles seres que retan nuestra capacidad de imaginacion y un profundo interes y comprension por el realismo del XIX. El mundo del acabado perfeccionista y estudio de la anatomia convive con el mundo de los personajes pertenecientes a galaxias totalmente diferentes. Y permitidme que en estos momentos recuerde a Da Vinci. Paradojicamente, cuando actualmente echamos un vistazo a los cuadernos de dibujo de Leonardo, vemos los primeros dibujos relacionados con conceptos de maquinaria, invencion de artefactos etc (Por ejemplo, el conocidisimo "helicoptero") dos paginas por delante de los estudios de las manos de la Virgen Maria.
Andrew Loomis (1892-1959) fue uno de los primeros ilustradores de caracter comercial involucrado en publicidad y diseño desarrollando su trabajo durante la decada de los cuarenta y cincuenta. A lo largo de su juventud visitó varias escuelas de arte durante los ultimos años del siglo XIX y primeros del XX, la "Art Students League" en Nueva York o en el "Chigaco Art Institute".Este mes se oirá en el Café Lisboa ( Valladolid ): The Byrds "Fifth Dimension", The End "Introspection", Cansei de Ser Sexy "CSS", Big Boy Pete "Homage to Catatonia", Cream "Disraeli Gears", Alexis Korner Blues Inc "Bootleg him!", Blues Magoos "Electric Comic Book" y Cat Power "You Are Free".
Todos los que tengan la ocasión de viajar a Londres durante este mes de Enero, que no se olviden pasar por la Serpentine Gallery ( plantada en medio de Hyde Park ) que expone, nada más ni nada menos que una colección bastante peculiar del provocador Damien Hirst. Dicha colección recoge el trabajo de artistas variopintos como Francis Bacon, Banksy, Don Brown, Angela Bulloch, John Currin, Tracey Emin, Angus Fairhurst, Steven Gregory, Marcus Harvey, Rachel Howard, John Isaacs, Michael Joo, Jeff Koons, Jim Lambie, Sean Landers, Tim Lewis, Sarah Lucas, Nicholas Lumb, Tom Ormond, Laurence Owen, Richard Prince, Haim Steinbach, Gavin Turk y Andy Warhol. El plantel es de lujo y la obra bastante divertida.Harto a menudo, y siempre con gran extrañeza, se me ha señalado que hay algo común y característico en todos mis escritos, desde el Nacimiento de la tragedia hasta el último publicado, Preludios a una filosofía del porvenir: todos ellos contienen, se me ha dicho, lazos y redes para pájaros incautos y casi una constante e inadvertida incitación a la subversión de valoraciones habituales y caros hábitos. ¿Cómo? ¿Todo es sólo... humano, demasiado humano? Con este suspiro se sale de mis escritos, no sin una especie de horror y desconfianza incluso hacia la moral, más aún, no mal dispuesto y animado a ser por una vez el defensor de las peores cosas: ¡como si acaso sólo fuesen las más vituperadas! A mis escritos se les ha llamado escuela de recelo, más aún de desprecio, felizmente también de coraje, aun de temeridad. En realidad, yo mismo no creo que nadie haya nunca escrutado el mundo con tan profundo recelo, y no sólo como ocasional abogado del diablo, sino igualmente, para hablar teológicamente, como enemigo y acusador de Dios; y quien adivina algo de las consecuencias que implica todo recelo profundo, algo de los escalofríos y angustias del asilamiento a los que condena toda incondicional diferencia de enfoque a quien la sostiene, comprenderá también cuántas veces para aliviarme de mí mismo, dijérase para olvidarme de mí mismo por un tiempo, he intentado resguardarme en cualquier parte, en cualquier veneración, enemistad, cientificidad, liviandad o estulticia; también por qué cuando no he encontrado lo que necesitaba he tenido que procurármelo artificiosamente, falseando o inventando (¿y qué otra cosa han hecho siempre los poetas? ¿y para qué, si no, existiría todo el arte del mundo?). Pero lo que una y otra vez necesitaba más perentoriamente para mi curación y mi restablecimiento era la creencia de que no era el único en ser de este modo, en ver de este modo, una mágica sospecha de afinidad e igualdad de puntos de vista y de deseos, un descansar en la confianza de la amistad, una ceguera a dúo, sin recelo ni interrogantes, un goce en los primeros planos, superficies, lo cercano, vecino, en todo lo que tiene color, piel y apariencia. Quizá pudiera reprochárseme a este respecto no poco ?arte?, no poca sutil acuñación falsa: por ejemplo por haber cerrado a sabiendas y voluntariamente los ojos ante la ciega voluntad de moral de Schopenhauer, en una época en que yo era bastante clarividente en materia de moral; también haberme engañado respecto al incurable romanticismo de Richard Wagner, como si fuese un comienzo y no un final; también con respecto a los griegos, y también por lo que a los alemanes y su futuro se refiere, y acaso quedará todavía una larga lista de tales -también-. Más, aun cuando todo esto fuese verdad y se me reprochara con fundamento, ¿qué sabéis vosotros, que podéis saber de cuánta astucia de autoconservación, de cuánta razón y superior precaución contiene tal autoengaño, y cuánta falsía ha todavía menester para poder una y otra vez permitirme el lujo de mí veracidad?... Basta, aún vivo; y la vida no es después de todo una invención de la moral: quiere ilusión, vive de la ilusión..., pero de nuevo vuelvo, ¿no es cierto?, a las andadas, y hago lo que, viejo inmoralista y pajarero, siempre he hecho, y hablo inmoral, extramoralmente, -más allá del bien y del mal-.
"..Estamos en los años sesenta y Ken Kesey, el autor de "Alguien voló sobre el nido del cuco", ha reunido a su alrededor a los «bromistas», una desmadrada corte de jóvenes radicales embarcados en novísimos proyectos de vida. Recorren los Estados Unidos de costa a costa en un autobús que conduce Neal Cassady (el mítico Moriarty de En el camino, de Kerouac, amado por Allen Ginsberg y por algunos de los mejores espíritus de su generación), y celebran la vida, el éxtasis orgiástico, las drogas que abren las puertas de la percepción. Y tienen a las fuerzas del orden y al F.B.I. en los talones...La utilización de monólogos interiores, diálogos y múltiples puntos de vista, recursos todos ellos provenientes de la literatura de ficción, combinados con técnicas propias del periodismo, como la investigación exhaustiva, las entrevistas minuciosas, el gusto por «la exclusiva» y un ojo agudísimo para el detalle revelador, dan como resultado este espléndido "Ponche de ácido lisérgico". Calificada por los críticos de obra maestra de la «novela de no ficción», es la mejor crónica que se ha escrito jamás sobre el épico viaje de Ken Kesey y sus compañeros, verdadero «núcleo duro» del movimiento hippie, y une al interés de una historia fascinante, contada con escrupulosa fidelidad, la seducción de una atmósfera y unos personajes reales dignos de las mejores ficciones de Updike o de Bellow."